Según un mito maya, en sus comienzos la tierra era cuadrada, con un mundo celestial por encima y un mundo de tinieblas, Xibalba, por debajo. El árbol del mundo estaba situado en medio de este cosmos. En cada esquina, otros cuatro árboles sostenían el cielo.

Cada lado de la tierra cuadrada representaba una dirección y un color: el este (rojo, por el sol naciente), el oeste (negro, la muerte), el norte (blanco) y el sur (amarillo). El centro era verde, el color de los retoños y de la vida misma.1

Este árbol del mundo, con las raíces en el mundo de las tinieblas, su tronco en el mundo terrenal y sus ramas en el mundo celestial, era la vía por la cual transitaban las almas de los difuntos.

Tal vez fue este mito del árbol del mundo el que inspiró a los mexicanos a dar a Miguel Ángel de Quevedo el merecido título de "apóstol del árbol". Aunque sus tradiciones y su época estuvieron muy alejadas de los mitos mayas, su trabajo se convertiría al cabo en el fundamento de la salvación de la selva maya.

En su juventud, Quevedo se interesó por algo que tenía un paralelo en

la civilización maya: la astronomía. Estudió en el Instituto Flammarion de Astronomía y Meteorología cuando se mudó a Francia a vivir con un tío después de la muerte de sus padres. A instancias de este tío, Quevedo dejó a un lado las estrellas y se convirtió en ingeniero.

El primer trabajo de ingeniería de Quevedo fue drenar los lagos de la Ciudad de México en 1889. Mientras supervisaba la reconstrucción del Gran Canal, aconsejó que no se drenara toda el agua de los lagos ni se talaran todos los bosques que rodeaban la ciudad. Desgraciadamente, una herida lo obligó a abandonar su trabajo. Después tuvo que presenciar las inundaciones y los problemas sanitarios causados por la indiscriminada tala de árboles, drenaje de los lagos y construcción de edificios.

Durante el resto de su vida, Quevedo se dedicó a la conservación; ésta es una lista parcial de sus vastos éxitos:

√ creó la Junta Central de bosques (más tarde llamada Asociación Mexicana de Silvicultura) que abogó por las selvas de México

√ mejoró la relación entre parques y zonas urbanas en la Ciudad de México, de un 2 a un 16% (lo cual significa de 2 a 34 parques)

√ creó un sistema de viveros de cedros, pinos, acacias, eucaliptos y tamariscos, que dieron como resultado la plantación de 2.4 millones de árboles en 1914

√ estableció escuelas para adiestrar a más de 1,000 guardabosques

√ alentó la distribución de semillas e instrucciones para la reforestación a los propietarios de tierras

√ estableció zonas y reservas forestales alrededor de ciudades y puertos

√ promovió la suspensión de la venta de terrenos públicos (oficial en 1909)

√ persuadió a los delegados a la convención constitucional para que incluyeran una plataforma de conservación en la Constitución (1917, Artículo 27)

√ dirigió el Comité Mexicano para la Protección de las Aves Silvestres

√ creó el Sistema Mexicano de Parques Nacionales (de 1935 a 1942 se crearon 32 parques)

Como representante abanderado del pensamiento sobre el Árbol Mundial, Quevedo encabezó una delegación mexicana en 1935 que fue la primera en tratar con los Estados Unidos de América acerca de la creación de una Comisión de Parques Internacionales. Por sus logros anteriores (1909), Theodore Roosevelt se había informado acerca de los esfuerzos de México a favor de la conservación. Hoy día, el conocimiento de Quevedo se podría aplicar directamente a las erosionadas montañas del oeste de los Estados Unidos, aunque en la época de Roosevelt nadie hubiera podido imaginar que sufrieran problemas de inundaciones y cambios climatológicos.

Fue bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940), decidido conservacionista, que Quevedo tuvo más éxito. Aunque gran parte de la labor de Quevedo fue destruida o descuidada durante el desarrollo industrial de las últimas décadas del 1900, ha surgido un renovado interés por muchos de sus programas.

Tal vez estaba escrito en las estrellas que hoy día las palabras de Quevedo susurrarían entre los árboles de los parques nacionales y urbanos de México un mensaje que llegaría a plasmarse en leyes nacionales y en organizaciones que apoyan los esfuerzos por proteger el medio ambiente. Su nombre tiene las raíces en sus esfuerzos por la conservación, y sus ramas se extienden hasta el movimiento verde de hoy día: Miguel Ángel de Quevedo, el apóstol del árbol.

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1 Los mayas: vida, mitos y arte, por Timothy Laughton