Antonio Rivera; un miembro de Unidos para la Conservación, uno de los socios del proyecto, Carlos Manterola; y un fotógrafo de la National Geographic Society: Steve Winter.

Tomamos un rápido y frugal desayuno de galletas y café. Los camiones están listos. La jauría de perros la dirige Sombra, una perra de raza indefinida que parece ansiosa por iniciar su difícil carrera dentro de la selva. Uno de los perros ladró toda la noche, como si sintiera la presencia del jaguar. Poco después de las cuatro de la madrugada salimos por la única carretera de tierra que entra en la selva, y comenzamos nuestra búsqueda del jaguar. Los jaguares, reverenciados por mayas y aztecas como poderosas y misteriosas deidades, son una de las especies de animales más atractivas y carismáticas de América. Hasta comienzos del siglo XX, los jaguares habitaban vastas extensiones de terreno, desde los bosques de robles y áridos matorrales de Arizona y Nuevo México en el sur de Estados Unidos hasta la provincia de Misiones, al norte de Argentina. La caza indiscriminada y la destrucción de su hábitat los han eliminado de muchas áreas, hasta el punto de que la especie entera ha desaparecido prácticamente de Estados Unidos y El Salvador, y se encuentra en peligro de extinción en muchos otros países, incluyendo Argentina, México, Costa Rica, Ecuador y Panamá.