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Las claras noches invernales en la selva del sureste de México son increíblemente frías. Esta madrugada, la húmeda frialdad me despierta a las dos. La oscuridad es intensa, me lleva tiempo adaptarme y ver --o adivinar-- formas extrañas, desconocidas. Los ruidos de la selva comparten el pequeño catre donde dormí. Oigo a un animal bebiendo en el cercano ojo de agua; tal vez un coatí. Una lechuza ulula sin cesar. Estoy tan exhausto que siento como si este proyecto --continuar nuestro estudio de la ecología y la conservación del jaguar-- hubiera comenzado siglos atrás en lugar de sólo la semana pasada.

Estamos en la selva del estado de Campeche, uno de los últimos refugios de muchas especies de la flora y fauna tropical de México. En 1989, y con el fin de proteger este patrimonio de la humanidad, el gobierno federal de México emitió un decreto creando la Reserva de la Biósfera de Calakmul, que abarca 773 ha (1.787.000 acres). Esta tierra, donde existen 1600 especies de plantas vasculares y 550 especies de vertebrados, todavía sustenta grandes poblaciones de especies tales como el águila elegante (Spizaetus ornatus), el anta o tapir (Tapirus bairdii), el jabalí o pecarí labiado(Tayassu pecari) y el jaguar (Panthera onca), que han desaparecido de la mayor parte del territorio de México.